La belleza del día: “La sopa de los pobres”, de Reinaldo Giudici

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

"La sopa de los pobres" (1884) de Reinaldo Giudici
"La sopa de los pobres" (1884) de Reinaldo Giudici

I

La sopa de los pobres de Reinaldo Giudici es una postal de época. Año 1884. Venecia, Italia. Luego del largo proceso de guerra civil que significó la Unificación Italiana, el hambre y la desocupación asolaron a toda la península. Muchos emigraron a Sudamérica, particularmente a Argentina. Otros no pudieron y se quedaron. Y allí están, retratados en la obra.

Ollas populares. Allí hierve la sopa. Alrededor, un grupo de personas se alimentan. Hay mujeres, hay niños, hay vestimenta andrajosa, hay rostros tristes. “Con pinceladas visibles y efectos lumínicos de intenso dramatismo, Giudici presenta como en un friso una serie de personajes miserables”, escribió la investigadora argentina Laura Malosetti Costa.

La persona de la extrema izquierda, cortada por el marco del cuadro (por su vestimenta es un hombre), empina un plato de sopa con voracidad. No tiene rostro, no tiene edad, casi que no tiene género. Es simplemente una persona con hambre que, por fin, ¿luego de cuánto tiempo?, puede comer.

Es la postal de época. Año 1884. Venecia, Italia. Tristemente actual. Tristemente universal.

II

Giudici nació en Lenno, Italia, en 1853, y a los ocho años se fue con su padre al Uruguay, posiblemente escapando de las condiciones precarias en las que vivían. Se radicaron en Montevideo y allí, de chico, comenzó a tomar clases en el taller del conocido pintor uruguayo Juan Manuel Blanes. Le interesaba el arte, le interesaba el retrato. Tenía, no sólo talento, también sensibilidad.

Decidió ir a Buenos Aires. Tomó coraje y cruzó el charco. En 1878, con 25 años, obtuvo una beca del gobierno de la provincia de Buenos Aires que le permitió viajar a Italia a perfeccionarse. Era común en aquellos tiempos: en Europa estaban los grandes maestros y las obras más importantes del mundo. Pero él ya conocía. Se trataba, además, de volver a ese país que dejó atrás cuando tenía 8. El recuerdo seguía intacto.

Allí estudió con César Maccari, pero fue una instancia breve. No conseguía mantenerse económicamente, con lo cual tuvo que volverse antes de lo que hubiera querido. Cuenta Laura Malosetti Costa que Carlos Gutiérrez y otros miembros de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes denunciaron esta situación en la prensa, pidieron apoyo económico y lograron una nueva pensión.

A los dos años, entonces, con mayor financiación, Giudici volvió. Esta vez su maestro fue Giacomo Favretto, de quien aprendió cuestiones relacionadas con la luz y el color. Él tenía 31 años. Estaba en un momento de su vida donde la experiencia se ensanchaba y su técnica se perfeccionaba notablemente. Entonces, pintó y pintó y pintó y como nunca lo había hecho.

III

En los seis años que estuvo allí, de 1881 a 1886, pintó varias obras, muchas de grandes dimensiones. A los italianos les gustaba su trabajo. Expuso en Venecia y en Roma, pero también salió de su patria natal y logró exponer en Alemania y en Suiza. Comenzó a volverse un pintor respetado. Vendía obras, coleccionistas de todo el mundo pero también políticos y diplomáticos querían tener un cuadro suyo.

De esa época es La sopa de los pobres. Vivía en Venecia y, cuando no estaba encerrado en el taller pintando, salía a caminar por la ciudad. Se paseaba como un flaneur, con las manos juntas detrás de la cintura y los ojos bien abiertos observando todo el paisaje social. Tenía talento, sí, pero también sensibilidad. Esta obra es, tal vez, su obra maestra.

Al volver a la Argentina, la escena artística lo estaba esperando. Expuso en varios lugares y todos los diarios le dedicaban artículos, no sólo a él, también a La sopa de los pobres.

“La escena pasa en Venecia en uno de esos fondines donde se hace sopa especial, preparada con todos los desperdicios de los mercados. Esta sopa se vende a cinco centavos de lira la taza (un centavo) y allí acuden los indigentes a restaurar sus escasas fuerzas”, se lee en una nota de La Nación del 27 de octubre de 1887.

IV

Ya instalado en el país, no pintó demasiado. Algunas obras, sí, pero se dedicó a la docencia en la SEBA y la Academia Nacional de Bellas Artes y al diseño escenográfico en el Teatro Colón. Sion embargo seguía recibiendo premios: en 1904, por ejemplo, obtuvo la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de San Louis, Estados Unidos. Murió en 1921 en Buenos Aires.

A La sopa de los pobres la compró el gobierno de Juárez Celman para el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública. Eduardo Schiaffino destaca que fue el único cuadro adquirido por el gobierno por esos años. Tiene su lógica: es una obra preciosas e impresionante, una de las mejores de la Generación del 80.

Hoy está en el Museo de Bellas Artes, exhibido en la Sala 19 dedicada al arte argentino del siglo XIX, para que cualquiera entre y pueda ver aquella postal de época. Año 1884. Venecia, Itailia. Tristemente actual. Tristemente universal.


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